Nasry Asfura: entre esperanza y reclamos

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El gobierno del presidente Nasry Asfura presentó su primer informe de avances “Trabajando por Honduras”, destacando proyectos de infraestructura, seguridad, inversión y salud. Sin embargo, mientras el discurso oficial habla de recuperación y estabilidad, miles de hondureños siguen enfrentando desempleo, alto costo de vida y una economía que muchos consideran desconectada de la realidad cotidiana.

El gobierno del presidente Nasry Asfura llegó al poder prometiendo orden, trabajo y una nueva etapa de estabilidad para Honduras. Y aunque sus primeros meses de gestión muestran avances visibles en infraestructura, inversión y presencia internacional, también dejan sobre la mesa preguntas incómodas que el oficialismo todavía no logra responder con claridad.

El documento oficial “Trabajando por Honduras”, presentado por la Dirección de Gestión por Resultados (DIGER), expone una administración que intenta proyectar eficiencia, disciplina y ejecución técnica.

Carreteras rehabilitadas, combate al crimen organizado, inversiones en energía, acuerdos internacionales y programas sociales forman parte del relato gubernamental que busca posicionar a Nasry Asfura como un presidente pragmático y orientado a resultados.

Y en cierta medida, el estilo “Papi” sigue manteniendo fortalezas políticas importantes.

El constructor que intenta gobernar el país

Nasry Asfura continúa proyectando la imagen de administrador y ejecutor que construyó durante años en la alcaldía capitalina. Su gobierno ha intentado moverse con rapidez en temas de infraestructura, mantenimiento vial y relaciones con inversionistas internacionales.

El informe gubernamental destaca:

  • rehabilitación de carreteras,
  • apoyo energético,
  • reducción de pérdidas eléctricas,
  • fortalecimiento municipal,
  • programas de salud,
  • y esfuerzos de digitalización estatal.

También hay señales positivas en materia diplomática y cooperación internacional, especialmente con organismos multilaterales y socios estratégicos.

Pero gobernar Honduras no solo consiste en inaugurar obras o presentar cifras técnicas.

El verdadero termómetro está en el bolsillo de la gente.

La Honduras real: desempleo y una canasta básica que asfixia

Mientras el gobierno habla de estabilidad macroeconómica y crecimiento proyectado, miles de familias sienten que la economía sigue congelada.

El desempleo continúa golpeando especialmente a jóvenes y profesionales. Muchos hondureños sobreviven entre empleo informal, subempleo o migración.

La canasta básica mantiene precios elevados y el costo de vida sigue erosionando los salarios.

Aunque el informe destaca ajustes al salario mínimo y generación de empleo proyectado, para amplios sectores del país la recuperación económica todavía no se traduce en alivio real.

Y mientras tanto, el sistema financiero parece seguir siendo uno de los grandes ganadores del escenario económico.

Una economía que, según críticos, favorece más a los bancos que al pueblo

Uno de los cuestionamientos más fuertes hacia la actual administración gira alrededor del sistema económico y financiero.

Sectores empresariales pequeños, emprendedores y ciudadanos comunes aseguran que conseguir crédito sigue siendo complicado, mientras las utilidades bancarias continúan creciendo.

Para muchos hondureños, la economía sigue “en suspenso”:
hay estabilidad en los indicadores… pero incertidumbre en la calle.

La percepción ciudadana es clara:
los bancos cobran, el pueblo sobrevive.

Combustibles caros: el efecto dominó que golpea al país

Aunque el gobierno ha destinado millones de lempiras en subsidios para amortiguar el impacto del aumento a los combustibles y el gas doméstico, la percepción ciudadana sigue siendo de asfixia económica.

El problema no es únicamente cuánto cuesta llenar un vehículo.

El verdadero impacto está en el efecto dominó que generan los combustibles sobre toda la economía nacional.

Cuando sube el diésel:

  • sube el transporte,
  • suben los alimentos,
  • suben los materiales,
  • suben los servicios,
  • y termina subiendo prácticamente todo.

La población reconoce los esfuerzos del subsidio estatal, pero muchos consideran que el alivio no ha sido suficiente frente al constante incremento del costo de vida.

Y aunque el gobierno insiste en mantener apoyo a la factura energética, miles de hogares continúan enfrentando recibos eléctricos elevados en medio de una economía debilitada.

A eso se suma el malestar ciudadano por los cortos plazos de pago de energía eléctrica, que para muchos hogares resultan difíciles de sostener en una economía golpeada.

Para numerosos hondureños, la sensación es clara:
el dinero ya no rinde igual.

El presupuesto finalmente avanzó, pero dejó desgaste político

Otro tema que marcó el inicio de la administración fue la discusión y aprobación del presupuesto nacional.

Aunque finalmente el presupuesto fue enviado al Congreso Nacional y aprobado durante la última semana de abril, el proceso dejó tensiones políticas, incertidumbre económica y críticas desde diversos sectores que reclamaban mayor rapidez para destrabar inversiones, programas y ejecución estatal.

El oficialismo defendió el proceso argumentando responsabilidad fiscal y necesidad de orden financiero.

Sin embargo, para parte de la ciudadanía y del sector privado, la discusión prolongada generó sensación de pausa económica en momentos donde Honduras necesita acelerar empleo, inversión y dinamismo productivo.

En política, el tiempo también cuesta dinero.

Y Honduras no parece tener mucho margen para seguir esperando.

El polémico “bono del pescado”

Pero quizá uno de los episodios más polémicos de los últimos meses fue el famoso “bono del pescado”.

La decisión de entregar alrededor de cien mil lempiras a cada diputado liberal generó fuertes cuestionamientos en redes sociales y sectores ciudadanos.

La crítica principal no fue solamente el monto.

Fue el simbolismo.

En un país donde millones de hondureños luchan por pagar comida, energía y transporte, muchos consideraron ofensivo que funcionarios con altos salarios, combustible pagado y privilegios adicionales recibieran beneficios financiados con fondos públicos.

La polémica dejó una pregunta incómoda flotando en el ambiente político:

¿Está realmente conectada la clase política con la realidad de la población?

Entre el discurso y la realidad

El gobierno de Nasry Asfura todavía tiene tiempo para consolidar resultados y corregir errores.

Su administración muestra capacidad operativa, presencia institucional y un estilo menos confrontativo que otros gobiernos recientes.

Pero también enfrenta un enorme desafío:
demostrar que las cifras oficiales pueden convertirse en bienestar tangible para la ciudadanía.

Porque al final, el hondureño no mide un gobierno por informes impresos ni conferencias.

Lo mide cuando llega al supermercado.
Cuando paga la luz.
Cuando busca empleo.
Cuando llena el tanque de combustible.
Cuando intenta sobrevivir un mes más.

Y ahí, la verdadera evaluación apenas comienza.

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