Rigores: la masacre anunciada que desangró a Colón y desafía al Estado hondureño

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La masacre de Rigores, Colón, dejó 19 personas asesinadas dentro de una iglesia improvisada en una finca de palma africana. Sobrevivientes denuncian ejecuciones, amenazas previas ignoradas y posibles omisiones de las autoridades.

Diecinueve personas asesinadas. Una iglesia convertida en escenario de ejecución. Un sobreviviente rogando de rodillas por su vida. Y denuncias previas ignoradas. Rigores, Colón, hoy no solo llora una masacre: acusa el fracaso del Estado para evitarla.

La tierra húmeda de Rigores todavía huele a pólvora y muerte.

En esta pequeña comunidad del municipio de Trujillo, Colón, las familias velan a sus muertos mientras Honduras intenta comprender cómo una reunión de oración terminó convertida en una de las masacres más brutales registradas en los últimos años.

Las autoridades hondureñas confirmaron que 19 personas fueron asesinadas dentro y alrededor de una galera donde funcionaba la iglesia evangélica “Tierra Prometida”, ubicada en medio de una finca de palma africana, una región históricamente marcada por conflictos agrarios, narcotráfico y violencia armada.

La madrugada en que Rigores se convirtió en un cementerio

De acuerdo con testimonios preliminares, los campesinos se encontraban reunidos orando antes de iniciar su jornada laboral cuando varios hombres armados ingresaron por la parte trasera de la propiedad.

Lo que ocurrió después parece extraído de una escena de guerra.

Las víctimas habrían sido obligadas a arrodillarse antes de recibir disparos, muchos de ellos directamente en la cabeza. Algunos cuerpos quedaron dentro de la galera improvisada como templo; otros aparecieron dispersos entre las plantaciones de palma africana.

Entre las víctimas había adolescentes de apenas 14 y 16 años, mujeres y trabajadores agrícolas que jamás imaginaron que aquella madrugada sería la última.

“¡No me maten!”: el testimonio que revela el horror

Un joven sobreviviente relató entre lágrimas cómo logró escapar de la ejecución.

“Sentí que me iban a matar ahí mismo… pensé en mi familia y solo les rogaba que no me dispararan”, contó todavía en estado de shock.

Según su relato, cayó de rodillas y comenzó a suplicar por su vida mientras los atacantes decidían quién vivía y quién moría.

Entonces ocurrió algo que todavía parece perseguirlo.

“Este es un cipote… todavía está joven”, habría dicho uno de los hombres armados.

Segundos después recibió la orden que le salvó la vida:

“¡Corré, pué!”

El joven huyó entre disparos, cuerpos y gritos desesperados, mientras detrás quedaba una comunidad destruida.

Las denuncias ignoradas que hoy generan preguntas

La tragedia tomó un giro aún más delicado luego de revelarse que algunas de las víctimas habían denunciado amenazas días antes de la masacre.

Videos difundidos en redes sociales muestran a una de las mujeres asesinadas denunciando supuestos abusos, intimidaciones y amenazas atribuidas a agentes policiales.

Además, familiares aseguran que apenas dos días antes del ataque, varias de las víctimas ofrecieron entrevistas a medios de comunicación denunciando hostigamiento constante y señalando directamente a miembros policiales como responsables.

Hoy, tras la masacre, esas denuncias ignoradas se han convertido en una sombra incómoda sobre las investigaciones.

La pregunta comienza a crecer en Rigores y en todo Honduras:

¿Pudo evitarse esta tragedia?

Gobierno activa “Comando de Crisis”

Tras la masacre, la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas activaron un “Comando de Crisis” en Rigores, Colón, y Corinto, Cortés, reforzando operaciones de inteligencia, retenes y control territorial.

Equipos especiales permanecen desplegados en la zona en búsqueda de los responsables.

No descansaremos hasta capturarlos”, afirmaron autoridades de seguridad.

Mientras tanto, fiscales, Medicina Forense y cuerpos de investigación continúan reconstruyendo lo ocurrido en una escena alterada parcialmente antes de la llegada oficial de las autoridades, debido a que algunos familiares trasladaron cuerpos y los colocaron en ataúdes movidos por el dolor y la desesperación.

Los nombres detrás de la tragedia

Entre las víctimas mortales figuran:

  • José Ramón Argueta Ventura, 56 años
  • Gerson Adonay Ramos Paz, 16 años
  • Edgar Francisco Hernández Díaz, 45 años
  • Santos Trinidad Díaz Suchite, 46 años
  • Elder Obeniel Esquivel García, 18 años
  • Martin Ramos Mendoza, 61 años
  • Wilmer Vidal Suchite García, 24 años
  • Elmer Marín Suchite García, 26 años
  • Kelvin Gustavo Cárcamo Canan, 24 años
  • Christian Eduardo Galdames Núñez, 22 años
  • Carlos Joel Milla Pineda, 14 años
  • Santos Augusto Zelaya Martínez, 58 años
  • José Eduardo Miranda Matute, 14 años
  • Mirza Yackelin Rodríguez Perdomo, 33 años
  • Miriam Janeth Rodríguez Dubón, 30 años
  • María Linda Rodríguez Dubón, 28 años
  • Hilario Cardona Murillo, 54 años
  • Edilson Oquelí Gómez Euceda, 30 años

Además, una víctima identificada preliminarmente como José Luis Mendoza Rivas, de 33 años, aún espera confirmación oficial debido al estado en que fue encontrado el cuerpo.

Honduras despierta otra vez bañada en sangre

Rigores ya no es solamente una aldea agrícola escondida entre palmeras africanas.

Hoy es símbolo de una violencia que parece haber perdido todo límite.

Las velas encendidas en cada ataúd iluminan una verdad brutal: Honduras continúa enterrando a sus hijos mientras el miedo, las armas y la impunidad siguen caminando más rápido que la justicia.

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